UN CIUDADANO EJEMPLAR.


Hervía el entusiamo por el reciente triunfo electoral. Celebrábanse actos de desagravio. En Barruelo Santullán y sobre el cementerio, hablarían aquel domingo Largo Caballero y Dolores Ibarruri recordando la figura de un gran alcalde socialista asesinado en octubre...

La plaza de Pablo Iglesias de Villadiego presenció la escena. Apareció una camioneta repleta de camaradas. Unos vivas denotaban la reconquista repleta de camaradas. Unos vivas denotaban la reconquista de la República y el retorno a la Libertad... Cuatro insensatos, cuya incultura era aprovechada y pagada por los mismos que la procuraron para la campaña de provocaciones prefacio de la sublevación, contestaron a los viajeros con el saludo fascista. Momentos espeluznantes. Se mascaba la tragedia. Sin evitación posible. De pronto, como por arte de magia surgió la primera autoridad local, poniéndose delante de los sentenciados a perecer. Los puños socialistas, comunistas y republicanos, quedaron inmóviles. Y en la confianza de la promesa de hacer justicia, renunciaron a sus naturales propósitos reprendiendo la marcha.

Jesús Vega Gutiérrez, el hombre de genio viril y alto pensar, salvó con su rasgo poderoso la vida de cuatro convecinos.

Cuando hoy, al inquirir detalles, pregunto al recién evadido por el Alcalde de Villadiego, escucho:

- Jesús Vega fue asesinado por los mismos a quienes semanas antes había salvado de la muerte...

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Huérfano desde muy niño y haciendo frente a la vida mediante su oficio de albañil, sus aficiones revelaron en él una figura en el delicado arte de la relojería. Ya casado, a fuerza de ahorros y economía, una casa vieja reedificóla haciéndola abundar en detalles de buen gusto. En la planta baja, una modernísima instalación comercial llamaba la atención del forastero.

La falta de hijos en el matrimonio, el ansia de legar a las futuras generaciones, le hizo imaginar la realización de una obra: transformación del pueblo de idéntica manera que lo había hecho con la casa en ruinas.

Para la tertulia que se reunía en su establecimiento confortable, el abandono en que tenía sumido a la villa la nefasta actuación de un cacique gandul y sempiterno, ocupaba cotidianamente su atención. La vida apolítica de los amigos tradujóse en rebeldía en los últimos años de dictadura y en las elecciones portadoras de la República, la publicación de un manifiesto con el programa a realizar dióles la minoria en el municipio.

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Villarias, el primero y buen Gobernador de la República en Burgos, supo aprovechar valores inéditos, incorporándolos al nuevo régimen. Para la Gestora de la Diputación Provincial se llevo a Vega. La fecunda labor que allí realizara, culminó en la construcción de la carretera Humada-Quintanas, proyecto que por su enorme coste dormía en el sueño de los justos desde hacía veinte años.

El hombre apolítico fue convirtiéndose en un sincero republicano, que ofrendaba todas sus energías a la República.

Una desinfección en el Ayuntamiento hizo pasar a Vega desde su escaño de concejal popular a la presidencia. Bien pronto se notaron los efectos. Saneamiento inmediato de la hacienda municipal, en bancarrota desde hacía varios años. Reparación de injusticias caciquiles. Estrecha fiscalización en los arbitrios. Investigación en los alcoholes, panaderías, lecheros... Adecentamiento de las calles. Obras de cultura y sanidad imprescindibles. Cuentas claras: mensualmente, el pueblo veía en el tablero los ingresos y gastos con toda la minuciosidad. Y puesta en marcha de su principal obsesión: Traída de aguas. Grupos escolares. Alcantarillado. Labor en que ponía toda la fortaleza del albañil; la precisión del relojero; el interés de la cabeza de familia; el cariño de un padre ...

Un defecto le encontramos y llegamos a recriminar así:

- No hagas caso de las habladurías. Cuanto mayor sea su obra, más enemigos le saldrán al paso. Pero no se dé por aludido. Las futuras generaciones agradecerán su labor de hoy...

- Y ¿qué necesidad tengo yo de todos estos disgustos? -contestaba-. Sí al fin y al cabo de nada de lo que pretendo para el pueblo necesito particularmente para mi.

Pero pasado el momento de malhumor, escapada de nuevo su imaginación a lo que él llamaba "tacita de plata", redoblaba el interés y el trabajo.

De entre los imitadores al perro del hortelano, el que más ladraba le espetó un día por encargo del cacique:

- Si no vamos a negar que la obra es maravillosa; pero ... ¡Pero no podemos consentir que sean ustedes quienes la realicen!

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El bienio negro detuvo su labor. Reintegrado al puesto en febrero de 1936, en pocas semanas lo puso todo en el trámite final. En Madrid lo vi su último viaje para estas gestiones. Andando, corriendo, volando, se trasladaba de un Ministerio a otro, subía y bajaba escaleras y más escaleras, sin esperar ascensores; con la agilidad de un muchacho, sin darse cuenta del medio siglo que llevaba encima. Y le vi cómo depositó en Hacienda el primer anticipo para la construcción de las escuelas. El mimo con que iban entregando billete por billete aquellas once mil pesetas, reunidas poco a poco en el pueblo con su trabajo fiscalizador, para lo que empleaba su manera de ser brusca o zalamera, según los casos...

Al despedirnos, cuando estrechaba por última vez aquella mano recia y dura, encallecida y honrada por el trabajo, me lo repetía una vez más llenos de satisfacción:

- Ya ves, Emiliano. Tu mismo lo has comprobado que los expedientes de todo ello han quedado solo a falta de la firma de Ministro para anunciarse en la Gaceta del día primero de agosto. ¿Crees que surgirá algún inconveniente? Porque se han reído tanto de mis proyectos; es ahora tan grande mi alegría, que todavía me está pareciendo mentir que lo pueda ver terminado...

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Pero en el pueblo seguían ladrando los perros. Y rabiosos ante la inminencia de la obra.- ¡Pero si era para que la disfrutarais vosotros, imbéciles!- que la tenían ya encima, arremetieron como fieras, eliminando a su romántico creador, juntamente con otros cuarenta y seis de los que la defendían.

¡Cuarenta y siete víctimas en un pueblo de trescientos vecinos!

Pero a cambio de esto, el "milagroso" Franco hizo resucitar a las gentes reñidas con la honradez, el progreso y la moralidad ...

Aquellas casita tan cuidada, tan pulcra, tan íntima, fue profanada y saqueada en los primeros momentos de la sublevación por las hordas fascistas que capitaneaban curas, beatas y caciques...

¿Venganza? La República no ha de ser rencorosa. ¡Justicia! Y la mejor manera de honrar la memoria de aquel mártir, de vengar la muerte, lo que él pediría si pudiera hablarnos ahora: Entregar inmediatamente al pueblo la obra que dejó terminada.

Yo, casual superviviente entre aquellos amigos entrañables, hago aquí una promesa: Las cinco escuelas llevarán un nombre: "Grupo escolar Jesús Vega". Y las aguas de Boada, que un día saboreó al pie de su nacimiento, regarán las flores de sus jardines. De aquellos jardines que él mismo había pensado cultivar...

Páginas 95, 96, 97 y 98.


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